Sinopsis Henri Langlois creó la Cinemateca Francesa en 1936 impidiendo que se destruyeran u olvidaran miles de películas. Gracias a su trabajo, apasionado y apasionante, pudo constituir una colección cinematográfica de renombre mundial. Compraba todo lo que podía y cuando le pedían prestada alguna cinta contestaba: “vete al Louvre y pide prestada la Gioconda, a ver que te dicen”. Organizaba proyecciones de obras maestras del mundo entero. Godard, Rivette, Truffaut, Rohmer Chabrol... los cineastas de la “Nouvelle Vague” al completo acudían a la Cinemateca a descubrir la historia del cine. Chabrol dice incluso bromeando que fue el inventor del primer multicines: como la primera sala, la de la avenida de Messine, era tan pequeña, las proyecciones se hacían en la planta baja, en el primer piso y hasta en la escalera. Al comienzo del 68, el Ministerio de Cultura, dirigido por A. Malraux, acusa a Langlois de mala gestión. Se le reprocha el desorden, la pérdida de ciertas películas. Franju le defiende diciendo: “Langlois no es un desordenado. Tiene un sentido científico del desorden”. Malraux no se deja convencer y destituye a Langlois de la dirección de la Cinemateca en febrero del 68. El mundo del cine se moviliza inmediatamente por el padre fundador y obtiene que le reintegren en menos de dos meses. Ese fué el llamado “caso Langlois”: un ensayo general de Mayo del 68. Ahí es cuando por primera vez aparece Daniel Cohn-Bendit capitaneando una manifestación. A través de numerosas entrevistas personales, archivos inéditos, extractos de clásicos del cine e innumerables documentos fotográficos se recrea el auténtico y vasto retrato de un hombre, de su epopeya y de la institución que creó. Singularísimo personaje, homenajeado por Hollywood en 1974 con un Oscar para el conjunto de su obra y que a los tres años, en el 77, muere sin teléfono ni electricidad. Hoy, 28 años más tarde, su Fantasma pervive... Selecciones festivales |