El río más largo del mundo, fuente de vida para más de 300 millones de personas, ha sido siempre objeto de intensas luchas de poder. Cuando Nasser, en el siglo XX, mandó construir la presa de Asuán, se aseguró un importante desarrollo económico que le permitió afianzar su dominio sobre Etiopía y Sudán. Pero desde 2013, la construcción por parte de Addis Abeba de la «presa del Renacimiento», la mayor presa jamás construida en el continente africano, vuelve a envenenar las relaciones entre los tres vecinos. Sin embargo, en 2015 se firmó un acuerdo que reconoce oficialmente a Etiopía el derecho a construir su presa. Pero, además de la falta de financiación y el retraso estructural acumulado (solo una de las trece turbinas funciona desde 2022), Egipto ejerce presión para ralentizar las obras y multiplica las demostraciones de fuerza junto con Sudán. Este último, frágil aliado de Egipto, ha comprendido que le interesa cuestionar la hegemonía de El Cairo en la cuestión del agua y no duda en jugar a dos bandas. Devastado por veinte años de guerra civil que se reanudó en 2023, el país es escenario de un enfrentamiento por poder entre El Cairo y Addis Abeba, que suministran armas a los bandos rivales. Para empeorar las cosas, los Emiratos Árabes Unidos se han involucrado en este conflicto subterráneo desde 2018, erigiéndose en mediadores ahora imprescindibles. Mientras invierte miles de millones de dólares en Etiopía, Dubái se está apoderando poco a poco de los recursos mineros e hídricos del país. El objetivo, entre otros, es garantizar su propia soberanía alimentaria.
¿Quiénes serán los próximos amos del Nilo? Al menos ya sabemos quiénes son los perdedores: los ciudadanos de a pie, los campesinos expropiados de sus tierras para construir la presa, los aldeanos a los que se les promete electricidad desde hace siglos mientras se la revenden al exterior, o los civiles asesinados con armas suministradas por potencias rivales, deseosas de debilitar el poder de sus vecinos. La documentalista Sara Creta expone los entresijos de una cuestión que envenena las relaciones entre los países del Cuerno de África desde que el ser humano domina el río. Un análisis global que permite arrojar luz sobre los numerosos conflictos en curso o latentes a lo largo de las orillas del Nilo, y proyectar su reflexión sobre el futuro de una región que despierta los apetitos más feroces.